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El Puerto de Quequén puso en marcha durante 2026 un Plan Maestro de obras con una inversión cercana al millón de dólares, orientado a potenciar su infraestructura, incrementar el flujo de exportaciones y alcanzar la licitación definitiva requerida para operar con previsibilidad. De acuerdo con el reporte elaborado por Andrés Miquel en Página/12, estas tareas responden a demandas históricas dentro del complejo cerealero, que actualmente canaliza cerca del 1% de los granos transportados en buque a nivel mundial y aproximadamente el 7% a nivel país.
Según detalla Andrés Miquel en su nota, el gerente operativo del consorcio y miembro de su directorio, Gustavo Gavilán, trabaja de manera coordinada junto a Mariano Carrillo, presidente interino que asumió el cargo tras la salida de Jimena López en diciembre para ocupar una banca como diputada nacional. La meta compartida por la conducción es superar la marca de nueve millones de toneladas exportadas el año pasado. Para ello, impulsaron un plan integral que contempla la restauración de los muelles, el fortalecimiento del suministro energético y la mejora de los accesos clave para el ingreso de la producción bonaerense.
En la entrevista concedida a Página/12, Gavilán puso en valor que la administración del Consorcio se encuentre conducida por el movimiento obrero, al señalar que tanto él como Carrillo provienen del ámbito sindical. Gavilán, quien forma parte del secretariado general del Sindicato de Trabajadores de Dragado y Balizamiento, afirmó que pensar en mejorar día a día las condiciones de los trabajadores constituye el principio central de su gestión. En ese contexto, el directivo recordó sus inicios laborales como cocinero en las dragas —oficio que compartió con su padre Luis, integrante del sindicato desde 1993— y su posterior formación hasta graduarse como oficial de primera y capitán de barco. Según expresó en el artículo, esa trayectoria de dos décadas lo motiva a abordar activamente los problemas para generar empleo de calidad y mayor producción.
Entre las obras prioritarias ejecutadas en la terminal, el informe periodístico destaca el reemplazo de cableados con más de 70 años de antigüedad que provocaban cortes de luz constantes y la sustitución de las 25 balizas eléctricas por unidades autónomas. Paralelamente, el Consorcio asumió la restauración de la calle Almirante Brown, por la que transitan habitualmente los camiones cargados de granos, y la recomposición del sellado de los 12 muelles del puerto, afectados por la erosión natural del mar.

De cara al futuro, Gavilán precisó a Página/12 que proyectan conseguir financiamiento para realizar un soterramiento eléctrico que permita llevar energía mar adentro y sumar una nueva posición de muelle. En la carpeta de proyectos figura además la reconstrucción del puente portuario destruido por la histórica inundación de 1980, lo que permitiría optimizar la circulación de los camiones. Asimismo, el dirigente gremial calificó como una demanda histórica la reactivación del tren de carga, estimando que una inversión de 200 millones de dólares permitiría reparar poco más de 100 kilómetros de vías deterioradas. Explicó que actualmente los granos llegan a Quequén en camiones desde un radio máximo de 350 kilómetros por costos de flete, mientras que en el Puerto de Bahía Blanca, donde sí llega el ferrocarril, el tren permite traer cargas de hasta mil kilómetros de distancia, lo que le posibilita a ese puerto una salida anual cercana a las 30 millones de toneladas.
Pese a los condicionantes logísticos, la nota de Andrés Miquel resalta avances proyectados en el comercio exterior, entre los que se ubican la instalación de la planta pesquera de la firma Marumar —anunciada durante la gestión de López— y la firma de acuerdos recientes para el arribo de importaciones e insumos destinados al yacimiento Vaca Muerta.
En cuanto al objetivo de obtener la habilitación definitiva ante la Agencia Nacional de Puertos, la publicación recuerda que el Puerto de Quequén —cuyo origen se remonta a 1863, previo a la fundación del partido de Necochea— es el más profundo del país gracias a sus 15 metros de calado en el canal principal, acumulando más de 4,2 millones de toneladas exportadas al 31 de julio (principalmente cebada y trigo en partes casi iguales). Sin embargo, aún opera con permisos provisorios. Gavilán explicó que la habilitación nacional otorga estatus internacional, adaptando la terminal a los estándares de seguridad y comercio exigidos a nivel global. Para alcanzar esa acreditación, la empresa desembolsó 180 mil dólares en la construcción de una torre de balizamiento de 40 metros de altura (tras remover la antigua baliza ubicada en una termoeléctrica) y 400 mil dólares en la renovación de 450 metros de redes eléctricas del giro 10, obra a la que se sumó, en paralelo, la repotenciación del suministro energético de la Terminal Quequén para que los elevadores cerealeros trabajen a máxima capacidad. A esto se añadieron 300 mil dólares en obras de iluminación, videovigilancia y asfaltado en los giros 3, 4 y 5, que transformaron las antiguas calles de adoquines en pasos peatonales.
Finalmente, la nota firmada por Andrés Miquel repasa el perfil social de la institución. Además de su rol económico, el Consorcio proyecta la puesta en valor y asfaltado de una traza de 800 metros sin uso operativo que es recorrida por los vecinos como espacio de esparcimiento, junto con la puesta en marcha de planes para el rellenado de las playas de Quequén afectadas por la erosión costera.
Artículo adaptado a partir del reporte periodístico de Andrés Miquel, publicado originalmente en Página/12.

