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La venta de IPA Steel Terminal a la canadiense Logistec no fue el resultado de una estrategia de desinversión, sino de una oportunidad que irrumpió en una operación que, durante más de 17 años, se había construido bajo una lógica distinta: crecimiento orgánico, reinversión constante y especialización en el manejo de acero y carga general en el puerto de Altamira.
"No estábamos a la venta, nunca estuvimos a la venta", sostiene en entrevista Jurgen Hess al reconstruir el origen de una negociación que tomó por sorpresa incluso a sus propios directivos. La terminal, fundada en 2009, venía de una trayectoria ascendente que la llevó de movilizar 400 mil toneladas en su primer año a alcanzar picos cercanos a los tres millones de toneladas, en un proceso marcado por inversiones continuas en infraestructura, equipo y seguridad.
Ese posicionamiento -como uno de los jugadores relevantes dentro de Altamira- fue precisamente lo que atrajo a Logistec. De acuerdo con lo comunicado a mediados de febrero de este año, la firma canadiense concretó la adquisición del 100% de Inmobiliaria Portuaria de Altamira (IPA) y todas sus unidades en el puerto tamaulipeco, en lo que representa su entrada al mercado mexicano y, en perspectiva, su plataforma de expansión hacia América Latina.
El acercamiento inicial, sin embargo, no tenía ese objetivo. Hace poco más de un año, la conversación comenzó como una posible alianza comercial. "Les dijimos que bienvenidos para hacer alguna alianza, pero no estábamos buscando vender ni incorporar socios", recuerda Hess. La evolución hacia una compra total fue el resultado de un proceso intensivo de negociación y un due diligence exhaustivo que, en palabras del propio directivo, revisó "absolutamente todo" y confirmó la solidez operativa, administrativa y fiscal de la terminal.
El giro definitivo llegó cuando la propuesta creció de una participación parcial a la adquisición total. Detrás de esa decisión también influyó la salida natural de algunos socios originales -particularmente inversionistas de perfil más pasivo- y la oportunidad de integrar la terminal a una red con escala internacional. Aun así, la decisión no fue sencilla. "Es el legado que nos dejó mi padre (Rudolph Hess), Christian (mi hermano) y yo fuimos los que construimos y levantamos el negocio", admite Hess, al reconocer el componente emocional de la operación.
Más allá de la transacción, la operación de IPA revela por qué se volvió un activo atractivo. La terminal cuenta con un muelle de 273 metros -en expansión-, cerca de 200 mil metros cuadrados de áreas de almacenamiento entre sus distintas instalaciones, espuela ferroviaria con capacidad para recibir hasta 40 góndolas en operación escalonada, y un parque de grúas y montacargas diseñado para cargas de alto tonelaje.
Fuente: t21
