• 7 min de lectura
• 7 min de lectura

Los buques comerciales modernos navegan confiando en señales satelitales que llegan a la antena con una potencia inferior al nivel de ruido térmico de fondo. Esa debilidad inherente —física, no técnica— es el punto de entrada de una de las amenazas de mayor crecimiento en la seguridad marítima global: la interferencia (jamming) y la suplantación (spoofing) de las señales de los Sistemas Globales de Navegación por Satélite (GNSS) y del Sistema de Identificación Automática (AIS).
La distinción entre ambas modalidades es técnica pero determinante para la seguridad operacional. El jamming satura el canal radioeléctrico con ruido de alta potencia, provoca la pérdida inmediata de la señal y activa alarmas audibles y visuales en el puente: es un ataque detectable, equivalente a un corte de luz, según la Admiralty británica. El spoofing, en cambio, es engañoso por diseño: el atacante transmite señales falsas estructuradas que replican con exacta precisión la frecuencia y el formato de las constelaciones legítimas. El receptor GPS calcula una posición falsa pero matemáticamente válida, sin generar ninguna alerta de fallo, según el análisis de Orca AI. Es el ataque invisible.
El riesgo operacional no se limita al receptor GPS: la arquitectura integrada del puente de mando moderno convierte una señal corrompida en un desastre en cadena. Un único flujo de datos GNSS falsificado se propaga instantáneamente, a través de los buses de datos NMEA, a múltiples sistemas vitales simultáneamente, según el análisis de LearnMarine.
En el Sistema de Información y Visualización de Cartas Electrónicas (ECDIS), el barco aparece navegando sobre coordenadas falsas, posiblemente en aguas profundas y seguras cuando en realidad se aproxima a un veril de poca sonda. El transpondedor AIS transmite esa posición falsificada a las estaciones de control de tráfico marítimo (VTS) y a los buques de la zona. Los cálculos de prevención de abordajes (CPA/TCPA) arrojan vectores erróneos. Y en los sistemas de gobierno automatizado y posicionamiento dinámico (DP), los algoritmos aplican correcciones de rumbo para compensar una desviación inexistente, virando físicamente el buque hacia un peligro real.
El factor humano agrava el cuadro: al observar una imagen internamente coherente en todas las pantallas de la consola integrada, los oficiales de guardia sufren un sesgo de confirmación digital que demora la verificación manual hasta que la emergencia física es inminente, según el análisis de Cambridge University Press sobre ciberseguridad marítima.

La manipulación de señales no es solo una táctica defensiva de actores hostiles: en la región latinoamericana tiene vectores económicos definidos. La denominada flota oscura —compuesta por petroleros de propiedad opaca y banderas de conveniencia— ha convertido el AIS spoofing en su herramienta operativa primaria para evadir sanciones internacionales al comercio de hidrocarburos, según un análisis de la plataforma de inteligencia marítima Kpler.
Las técnicas documentadas incluyen la suplantación de identidad, donde un buque emite el número IMO y el código MMSI de una embarcación limpia de sanciones; los saltos espaciales, que alteran los archivos de datos del transpondedor para proyectar una traza falsa a miles de millas de distancia mientras el buque real realiza un trasbordo no autorizado; y el spoofing híbrido, que activa la falsificación únicamente al ingresar en zonas bajo monitoreo estricto. Kpler señala que el 80% de los buques detectados realizando spoofing deliberado de su posición fueron formalmente sancionados por administraciones internacionales en un plazo inferior a 12 meses.
En el Atlántico Sur, flotas pesqueras extranjeras utilizan el silenciamiento del AIS o la generación de fuentes de AIS virtual falsas para ingresar en la Zona Económica Exclusiva argentina sin ser interceptadas por la Prefectura Naval o la Armada. Esta alteración del panorama de tráfico satelital obliga a las autoridades a desplegar buques y aeronaves para validar manualmente la posición de cada contacto de radar, según documentación de la Prefectura Naval Argentina.
La amenaza ciber-física ha trastocado también los fundamentos del derecho marítimo y el mercado asegurador. Históricamente, el mercado de Casco y Máquinas (H&M) aplicó la cláusula CL380 del Institute Cyber Attack Exclusion Clause, que excluía categóricamente cualquier pérdida causada directa o indirectamente por el uso de sistemas informáticos o código malicioso. Con la sofisticación de los ataques, la Lloyd's Market Association introdujo la cláusula LMA5403, que actualiza el alcance del riesgo excluido y determina que los daños derivados de la interferencia electromagnética o la suplantación de señales de radiofrecuencia quedan fuera de la cobertura principal a menos que se contraten endosos específicos de cobertura ciber, según el análisis de Howden.
La dimensión legal es igualmente crítica. Bajo la doctrina del Derecho Marítimo Internacional sobre la innavegabilidad (Unseaworthiness), si un buque sufre una varadura por un evento de spoofing en el Río de la Plata o el Canal de Panamá, los liquidadores de averías examinarán si el armador proporcionó a la tripulación procedimientos entrenados para detectar y mitigar la suplantación de GNSS. Si los oficiales del puente navegaron confiando exclusivamente en la posición del ECDIS sin realizar verificaciones cruzadas por medios analógicos o de radar —tal como exigen el SGS del buque y la Resolución MSC.428(98) de la OMI—, se determina la existencia de negligencia operativa. En esas circunstancias, el buque puede ser declarado legalmente innavegable, quebrantando la limitación de responsabilidad del armador y facultando a las aseguradoras H&M y a los Clubes de P&I a denegar la indemnización por daños propios, salvamento y daños a terceros.

Los especialistas coinciden en que la resiliencia ante el spoofing y el jamming requiere combinar procedimientos analógicos con tecnologías de última generación.
En el ámbito procedimental, ante la sospecha de spoofing o jamming, la tripulación debe revertir inmediatamente a la navegación tradicional: fijación de posición por radar mediante medición de distancias y marcaciones a puntos costeros conspicuos, y configuración del ECDIS en modo de navegación por estima (Dead Reckoning), que desacopla el procesamiento satelital y calcula la posición proyectada exclusivamente mediante el girocompás y la corredera hidrodinámica. El control batimétrico continuo —comparando la lectura de la ecosonda con las isobatas de la carta náutica— constituye el indicador primario de una posición GPS corrupta: un salto repentino en la sonda que no coincida con el mapa es la señal de alarma. En situaciones extremas donde no sea posible validar la posición, la norma operacional exige detener la arrancada del buque y notificar a las autoridades costeras, según LearnMarine.
En el plano tecnológico, la industria naval está adoptando receptores GNSS avanzados con módulos de cancelación de interferencias y filtros adaptativos que identifican la firma espectral de las emisiones maliciosas. Asimismo, se expande la implementación de la Autenticación de Mensajes de Navegación (NMA), como el sistema Galileo OSNMA, que añade firmas criptográficas digitales a las señales satelitales para certificar su autenticidad. Las soluciones basadas en visión por computadora e inteligencia artificial —como las desarrolladas por Orca AI— funcionan mediante procesadores ópticos completamente independientes de las radiofrecuencias GNSS y AIS, detectando discrepancias entre el entorno físico real registrado por las cámaras y las posiciones mostradas en el ECDIS.
Para los Estados ribereños, los especialistas recomiendan reforzar los Centros de Control de Tráfico Marítimo (VTS) con radares costeros primarios y estaciones de seguimiento electro-óptico independientes del AIS, formalizar protocolos de radioavisos de seguridad náutica ante anomalías de señal e integrar la verificación de ciberseguridad en los procedimientos de inspección del Estado rector del puerto (Port State Control).

