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El déficit estructural de la infraestructura de transporte terrestre volvió a consolidarse como un factor crítico de afectación para la competitividad y la ecuación económica del sector agroindustrial de la República Argentina. De acuerdo con las conclusiones de un relevamiento conjunto coordinado por el Instituto de Economía de la Universidad de la Empresa (UADE), en colaboración técnica con la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) y la Sociedad Rural Argentina (SRA), el mal estado de conservación de los caminos rurales ya genera pérdidas económicas directas para siete de cada diez productores agropecuarios en todo el territorio nacional.
Los datos consolidados en la encuesta sectorial —presentados y analizados originalmente en un informe del diario La Nación— arrojan un panorama desfavorable respecto al mantenimiento de la red vial terciaria y secundaria, rieles fundamentales por donde transita la totalidad de la cosecha y la producción ganadera nacional antes de empalmar con las rutas pavimentadas hacia los puertos. El estudio relevado por el matutino porteño determinó de forma estadística que el 79% de los productores consultados considera que las vías de tierra de sus respectivas zonas de influencia se encuentran actualmente en condiciones "malas o muy malas", exponiendo una marcada ausencia de servicios de nivelación, cuneteo y alcantarillado por parte de las administraciones competentes.
De manera complementaria, el informe técnico midió las restricciones operativas asociadas al factor climático y logístico. Al respecto, tres de cada cuatro productores y transportistas encuestados (75%) aseguraron de forma categórica que los caminos de acceso y salida a sus establecimientos rurales no son transitables de manera regular durante los doce meses del año. Esta condición de aislamiento temporal o recurrente ante precipitaciones promedio obliga a la paralización de los flujos logísticos, interrumpiendo las cadenas de suministro y limitando los esquemas de carga hacia los principales centros de acopio y terminales portuarias.

La ineficiencia vial se traslada de manera directo sobre los márgenes operativos de las empresas del agro, manifestándose a través de un incremento de los costos fijos y variables del transporte automotor. Las pérdidas económicas reportadas por el 70% de los afectados derivan principalmente de las roturas mecánicas severas en el material rodante y las unidades de carga, la mayor tasa de consumo de combustibles generada por la tracción forzada, los retrasos logísticos en las entregas contratadas y el consecuente encarecimiento de las tarifas de los fletes mayoristas. En casos extremos, el deterioro vial provoca asimismo mermas físicas de mercaderías e imposibilidad de comercializar producciones perecederas en tiempo y forma.
El documento técnico concluye señalando que, mientras que las principales potencias agroexportadoras mundiales avanzan en la estabilización, pavimentación y mejora continua de sus redes de conectividad capilar para reducir los costos logísticos, en la Argentina la red de caminos de tierra sigue operando bajo esquemas precarios. Las entidades firmantes coincidieron en advertir que las trazas rurales se fuentes de gestión sin una planificación estratégica de largo plazo ni esquemas de inversión sostenida por parte de los estados provinciales y municipales, a pesar de la continua presión de las cargas tributarias y las tasas viales específicas que aporta el sector privado.

