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La campaña de trigo en la región núcleo argentina enfrenta severas dificultades operativas en su tramo de cierre debido a la falta de piso provocada por el barro y los excesos de humedad superficial. De acuerdo con el reporte número 976 emitido por la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la implantación del cereal alcanzó un progreso del 92% sobre una intención total que se mantiene en 1,6 millones de hectáreas para toda el área. Sin embargo, la persistencia de lotes embarrados —derivada de un otoño que acumuló un promedio de 211 milímetros de agua y marcas máximas aisladas de hasta 325 milímetros en el noroeste de la región— mantiene en suspenso la siembra de unas 100.000 hectáreas pendientes, localizadas principalmente en el sur de Santa Fe y el norte de la provincia de Buenos Aires.

Los asesores técnicos de la entidad rosarina explicaron que el retraso en el calendario agrícola coincide con una marcada dificultad para conseguir variedades de semillas de ciclo corto, insumo indispensable para adecuar la implantación a las fechas límites que impone el invierno. Si bien la reciente flexibilización a la baja en las cotizaciones de la urea incentiva a los productores a completar los esquemas de fertilización nitrogenada para potenciar los rendimientos futuros, la lentitud en los trabajos de muelle y campo genera que una porción de las hectáreas que queden fuera del circuito triguero sea redireccionada de manera directa hacia la planificación del maíz temprano de la campaña gruesa. Desde el punto de vista logístico y de transporte, esta reconfiguración de los planteos tradicionales cuenta con un soporte climático favorable, ya que la proyección consolidada de un fenómeno de "El Niño" con intensidad fuerte garantiza excelentes reservas de agua profunda en los perfiles del suelo, eliminando el estrés hídrico como factor de restricción para las cargas graneleras de la próxima temporada.

En paralelo al escenario de los cultivos tradicionales, las estadísticas de la red de estaciones meteorológicas de la BCR muestran un reordenamiento en las alternativas de diversificación invernal de la región. Mientras que el girasol cede terreno en la mayor parte de la zona núcleo ante las mejores perspectivas hídricas que vuelven competitiva a la soja de primera, cultivos alternativos orientados al mercado de especialidades como la camelina y la carinata consolidan incrementos moderados en áreas específicas como Bigand y Cañada de Gómez. Finalmente, el consultor agrometeorológico de la institución, Alfredo Elorriaga, anticipó la intensificación de una masa de aire polar proveniente de la Patagonia que provocará heladas generalizadas y marcas térmicas extremas de hasta 7 grados bajo cero, condiciones invernales que se mantendrán durante la primera década de julio favoreciendo el desecamiento superficial de los suelos para facilitar el ingreso de las maquinarias a las áreas demoradas.

