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En un contexto donde la producción de soja en la Argentina se concentra casi en su totalidad en variedades genéticamente modificadas, el segmento de granos no transgénicos (no GMO) se consolida como un nicho de exportación exclusivo que demanda certificaciones rigurosas. En este escenario, la firma local Areco Semillas concretó el mes pasado el embarque de 4.000 toneladas de soja no modificada genéticamente con destino a los Estados Unidos, según informó la periodista Belkis Martínez en un artículo publicado por el diario La Nación.
La operación se realizó desde el puerto bonaerense de San Pedro y tiene como destino final el puerto de Baltimore, donde la mercadería se utilizará para la elaboración de alimento balanceado destinado a las industrias avícola y láctea de ese país.
De acuerdo con lo detallado por el titular de Areco Semillas, Roberto Coronel, en la entrevista concedida a La Nación, la trazabilidad desde el lote de origen hasta el puerto de destino representa el principal desafío de este mercado. Al ser la Argentina un productor mayoritariamente transgénico, la empresa debe aplicar protocolos estrictos para evitar cualquier tipo de contaminación cruzada.
Para asegurar la pureza del grano, la firma familiar —que opera en el rubro desde hace más de una década y media— selecciona campos sin antecedentes recientes de eventos biotecnológicos, supervisa la limpieza a fondo de las sembradoras y cosechadoras, y realiza procesos de prelimpieza de los lotes. Asimismo, las plantas de acopio de la empresa están destinadas de forma exclusiva a la recepción de granos no modificados genéticamente, bloqueando el ingreso de cualquier cultivo convencional.

La producción de soja no GMO de la firma abarca una superficie de aproximadamente 20.000 hectáreas, aunque la superficie final sembrada varía según cada campaña agrícola. Además de la soja, el esquema de exportaciones de la empresa contempla unas 15.000 toneladas de girasol alto oleico, 10.000 toneladas de canola (colza) con destino a Europa y 5.000 toneladas de maíz no transgénico.
Respecto de la ecuación económica del negocio, Coronel puntualizó al medio nacional que los compradores internacionales pagan un plus o diferencial que suele oscilar entre u$s 15 y u$s 20 por tonelada sobre el valor del commodity tradicional. No obstante, el empresario advirtió que este beneficio arancelario se ha ido reduciendo en los últimos años y suele ser absorbido por los mayores costos de producción, la rotación lenta del stock en las plantas de acopio y la inmovilización financiera del capital, dado que las instalaciones realizan un único movimiento de mercadería al año.

