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La entrada en vigencia del Acuerdo Interino de Comercio (AIC) entre el Mercosur y la Unión Europea, operativo desde el pasado 1 de mayo de 2026, reconfigura el mapa de oportunidades para el entramado productivo argentino. El tratado comercial, cuya validez jurídica se mantiene plenamente vigente mientras el Parlamento Europeo tramita consultas ante el Tribunal de Justicia de la UE, conforma una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo al congregar a 31 naciones y representar cerca del 20% del Producto Interno Bruto (PIB) global. Según un reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), este instrumento legal libera de aranceles al 100% de los bienes industriales y al 82% de los productos agrícolas, estableciendo cuotas de acceso para el porcentaje remanente de la oferta primaria.

Las economías regionales agroindustriales de la República Argentina vienen de consolidar una fase de expansión al alcanzar un récord de exportaciones de 11.313 millones de dólares durante el período 2025. En esta estructura de comercialización, el mercado de la Unión Europea se posiciona como un pilar fundamental: constituye el segundo destino de exportación más importante para el país en términos generales (9,3% de los despachos totales) y absorbe de forma específica el 20,3% del valor facturado por el conjunto de las producciones regionales. No obstante, el informe de la BCR advierte sobre una pérdida de participación del bloque europeo en la última década, considerando que en el año 2003 el viejo continente concentraba el 31,6% de los embarques regionales del país.
El grado de inserción actual y la potencialidad de aprovechamiento del tratado exponen una marcada heterogeneidad según el complejo agroindustrial considerado. Los sectores con mayor nivel de exposición y concentración en el mercado europeo son el maní —que destina a ese bloque el 57,89% de sus ventas externas—, el tabaco (49,85%), el limón (45,69%) y los restantes complejos citrícolas (42,44%). En una franja intermedia se ubican los porotos (37,29%), el arroz (34,64%) y los productos de la pesca (28,24%), mientras que una amplia gama de producciones —incluyendo frutas, uvas, té y cueros bovinos— registran una presencia marginal por debajo del 13% de sus exportaciones totales.

El impacto económico neto del desarme arancelario para cada economía regional dependerá del punto de partida de los derechos de importación y del ritmo de eliminación acordado, el cual contempla plazos inmediatos o esquemas graduales de transición de 4, 7, 8, 10 y hasta 15 años. En el sector pesquero, productos clave como la merluza hubbsi y las vieiras obtienen acceso libre de aranceles de forma inmediata, dinámica que se repite para el aceite esencial de limón. En tanto, bienes regionales de alto valor como el aceite de maní, el limón fresco y el vino (tanto fraccionado como a granel) alcanzarán el arancel cero en un período de transición fijado entre los 4 y los 7 años de vigencia del acuerdo.
La magnitud del acceso real al bloque de consumo europeo se verá moderada por la rigidez de las cuotas asignadas. Para la leche entera en polvo, el principal dinamizador del complejo lácteo, la preferencia arancelaria quedó restringida a un cupo regional para todo el Mercosur de 10.000 toneladas anuales hacia el décimo año. Este volumen resulta acotado frente a la escala productiva local, considerando que la industria láctea argentina despachó más de 60.000 toneladas de este producto al mundo solo durante el primer cuatrimestre de 2026. Asimismo, la miel natural —cuyos envíos tienen a la UE como destino en un 28%— sustituirá su arancel base del 17,3% por un derecho de importación del 0% sujeto a un cupo Mercosur de 45.000 toneladas anuales, volumen que se liquida temporalmente bajo el criterio de asignación automática de prioridad por orden de entrada ("primero en entrar, primero en salir").

Con el propósito de operativizar las ventajas competitivas del acuerdo, las autoridades nacionales articularon una serie de medidas de simplificación y facilitación logística aduanera. El informe de la BCR destaca la implementación de un sistema de autocertificación de origen declarado de forma directa en la factura comercial o documento de embarque, eliminando trámites consulares. A su vez, se estableció la interoperabilidad digital al 100% de los certificados sanitarios emitidos por el SENASA con el sistema de control aduanero de la UE (TRACES), un mecanismo de consultas mensuales para el monitoreo de los contingentes arancelarios en el Sistema Malvina y el diseño de perfiles de riesgo optimizados para otorgar prioridad de liberación a los productos perecederos (como frutas frescas, pesca y vinos).
Por último, el documento analítico plantea desafíos comerciales en ambas direcciones regulatorias debido a la apertura del mercado doméstico del Mercosur para bienes sensibles donde la Unión Europea es líder global, tales como lácteos, vinos de alta gama y alimentos procesados con valor agregado. En el plano vitivinícola, si bien se refuerza la protección legal de las indicaciones geográficas de las regiones productoras locales, la industria argentina deberá afrontar la competencia de las bodegas europeas en el mercado interno y regional. En el segmento lácteo, el escenario plantea una posición defensiva debido al reconocimiento de las indicaciones geográficas de quesos tradicionales de la UE (como Parmigiano Reggiano o Gruyère), lo que exigirá adaptaciones comerciales estrictas para los elaboradores locales que utilicen esas denominaciones específicas.

