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La República Argentina consolidó oficialmente su alianza estratégica con los Estados Unidos al concretar su ingreso a la Pax Silica, una ambiciosa iniciativa global diseñada por la administración republicana de Donald Trump, según informó el periodista Román Lejtman en su carácter de corresponsal en Washington para el portal Infobae. El programa tiene como propósito medular neutralizar la ofensiva de la República Popular China en Occidente, disputando el control de las cadenas mundiales de suministro, la explotación de los minerales críticos y el desarrollo soberano de aplicaciones de inteligencia artificial.
El corpus geopolítico de la Casa Blanca fue estructurado como un contrapeso directo a la Ruta de la Seda (One Belt, One Road) promovida por Xi Jinping, estrategia a la que Washington acusa de colonizar naciones en vías de desarrollo mediante el otorgamiento de créditos blandos y obras de infraestructura pública, de acuerdo con la información provista por Román Lejtman en Infobae. En contraposición, la Pax Silica plantea un plan de acción que enlaza a gobiernos aliados con corporaciones privadas occidentales para blindar el abastecimiento de insumos tecnológicos clave.
La incorporación de la Argentina al programa responde a un estricto ajedrez diplomático reseñado por el periodista Román Lejtman en Infobae. El fuerte alineamiento del presidente argentino Javier Milei con los intereses globales de Washington y su explícito interés por lanzar al país como un polo de inteligencia artificial inclinaron la balanza a favor de la administración de Buenos Aires. En la consideración estratégica de Trump, la Argentina reemplaza a Brasil como socio prioritario en América del Sur. A pesar de que el territorio brasileño posee las reservas más voluminosas de minerales críticos de la región, la Casa Blanca evalúa que la gestión de Lula da Silva se encuentra alineada con los intereses estructurales de Beijing, a contramano del pliegue de Balcarce 50 hacia los Estados Unidos, precisó el corresponsal de Infobae.
Con este movimiento, la Argentina pasa a integrar el bloque latinoamericano de la Pax Silica junto a naciones como Chile, Costa Rica, El Salvador y Panamá, países que revisten un alto interés logístico. Panamá, por ejemplo, enfrenta permanentes presiones comerciales de China para influir sobre el Canal interoceánico, motivo por el cual Washington dispuso allí un plan de Asistencia de Inteligencia Artificial para contrarrestar la influencia asiática.

Las negociaciones que permitieron el ingreso argentino fueron coordinadas por el embajador ante la Casa Blanca, Alec Oxenford, quien articuló los consensos con el subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos, Jacob Helberg, un funcionario con llegada directa al despacho oval. “Javier Milei es confiable y respetado en Estados Unidos por la constancia de sus ideas y por sus resultados”, confió Oxenford en diálogo exclusivo con Román Lejtman para Infobae.
Al evaluar el alcance económico de la medida, el diplomático trazó un paralelismo histórico ante el medio citado:
“La inteligencia artificial será para el siglo XXI lo que el petróleo fue para el siglo XX. Las grandes economías ya no compiten únicamente por mercados, sino también por asegurar el acceso a minerales críticos, energía, semiconductores, centros de datos e infraestructura digital. La Pax Silica ofrece a la Argentina la oportunidad de integrarse desde el comienzo a la infraestructura tecnológica que definirá las próximas décadas”.
Ante las consultas de Román Lejtman sobre la llegada de capitales, Oxenford aclaró en Infobae que si bien la firma de la alianza no garantiza la radicación automática de inversiones, mejora sensiblemente la calificación competitiva de la Argentina frente a los grandes inversores de Wall Street. Asimismo, el acuerdo habilita formalmente al país a competir por los recursos del futuro Fondo de Pax Silica y a calificar para las líneas de asistencia de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC) para la ejecución de proyectos estratégicos privados.

El ingreso a la Pax Silica ratifica el alineamiento incondicional de la Argentina con los Estados Unidos, pero preserva ciertos márgenes de maniobra financiera bajo límites estrictos, reveló la investigación de Román Lejtman. El Gobierno argentino respeta las "líneas rojas" conversadas durante las visitas oficiales a la Casa Blanca, las cuales determinan que el país puede mantener intercambios comerciales corrientes y renovar acuerdos financieros básicos con China, siempre y cuando estos no otorguen ventajas de carácter estructural a Beijing ni pongan a disposición de firmas estatales chinas el acceso directo a los minerales críticos.
Bajo estas reglas de juego mutuo, la administración Trump ha dejado trascender que no ejercerá un veto político sobre la prolongación del swap de monedas que el Banco Central argentino mantiene con el Banco Popular de China, al tiempo que avalará que los commodities agropecuarios nacionales sigan comercializándose en los mercados regulados por Xi Jinping, manteniendo a salvo el flujo de ingresos fiscales de la macroeconomía local, concluye el informe exclusivo de Román Lejtman, corresponsal de Infobae en Washington.

