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Un equipo de investigación integrado por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) completó un estudio técnico en la región pampeana para evaluar cómo influyen las diferentes prácticas de manejo agrícola sobre las propiedades físicas de la tierra y sus reservas de carbono. El ensayo —difundido por la agencia oficial INTA Informa— determinó que las decisiones de labranza y rotación de cultivos de grano condicionan de forma directa la estabilidad estructural del suelo, la porosidad del perfil y su capacidad de retención de materia orgánica en el mediano y largo plazo.

El ensayo se concentró en comparar lotes sometidos a distintos esquemas históricos de uso del suelo, evaluando situaciones de agricultura continua bajo siembra directa, sistemas de pasturas cultivadas con ganadería rotativa y zonas con vegetación natural o prístina no perturbada por actividades productivas. Al respecto, el investigador del INTA y coautor del estudio, Manuel Vargas, detalló que la intensificación de las labores mecánicas y el tránsito continuo de maquinaria pesada sin un adecuado aporte de rastrojos alteran la física del recurso edáfico, provocando un aumento en la densidad aparente del suelo y reduciendo los espacios porosos necesarios para la aireación y la infiltración del agua.
De acuerdo con las mediciones físicas recolectadas en el relevamiento científico, los lotes agrícolas de la región pampeana exhibieron un incremento sistemático de la densidad en comparación con los entornos de pastura y los testigos naturales de referencia. Esta modificación estructural restringe de manera directa el crecimiento radicular de los cultivos de renta y debilita la capacidad de almacenamiento de carbono orgánico del suelo (COS). Los autores del trabajo enfatizaron que estos desequilibrios físicos aceleran los procesos de degradación superficial y aumentan la escorrentía, restando eficiencia al uso de las precipitaciones en las etapas críticas de definición de rinde de los granos.

Más allá de las mermas físicas y estructurales registradas bajo los sistemas de agricultura permanente, la investigación identificó que la incorporación de pasturas plurianuales en las secuencias de rotación actúa como un factor de estabilización y recuperación biológica. Los planteos mixtos que combinan ganadería y agricultura logran atenuar los procesos de compactación y elevan de manera significativa los niveles de retención de carbono orgánico, consolidando un perfil edáfico más resiliente ante las variaciones climáticas extremas.
Para revertir los procesos de deterioro físico y pérdida de fertilidad natural evaluados en los campos de la región bonaerense, los especialistas del INTA aconsejan la adopción de esquemas de manejo de conservación. Entre las pautas técnicas recomendadas se destaca la diversificación de las rotaciones agrícolas mediante la inclusión sistemática de cultivos de cobertura o de servicios, la regulación de la presión de inflado y tránsito de la maquinaria sobre los lotes para minimizar la compactación subsuperficial, y la preservación de una cobertura constante de residuos orgánicos sobre la superficie para mitigar el impacto erosivo del viento y el agua.

