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La agricultura de la República Argentina se encuentra transitando un proceso de transformación profunda en sus planteos tradicionales, impulsada por un escenario donde la eficiencia en los rindes ya no puede escindirse del impacto ambiental sobre el suelo. En una columna de análisis firmada por Jorge Bassi —gerente de Marketing y Nuevas Semillas de Bunge Argentina— para LA NACION, se resalta que oleaginosas de invierno como la colza, la camelina y el cártamo dejaron de ser vistas como simples curiosidades agronómicas o experiencias de nicho. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) citados en el artículo, el área destinada a estas variedades escaló desde las 30.000 hectáreas iniciales hasta superar las 170.000 hectáreas en un período de tres años, consolidando un esquema agrícola más intensivo y con un fuerte agregado de valor.
Este avance productivo responde a una necesidad concreta del sector: revalorizar los históricos períodos de barbecho invernal, momentos del año en los que la tierra solía permanecer improductiva debido a la falta de opciones viables de gran escala por fuera de los cereales tradicionales. Bassi explica en LA NACION que la incorporación de estas oleaginosas alternativas introduce un eslabón disruptivo en el clásico esquema de doble cultivo (como trigo-soja o cebada-soja). Al insertarse eficazmente en las ventanas disponibles sin comprometer el desarrollo del cultivo estival principal, estas especies optimizan el uso de los recursos del lote y abren una fuente de ingresos adicionales para el productor agropecuario.
Foto. La Gaceta
Más allá del beneficio económico directo por la diversificación de riesgos, el valor estratégico de la colza, la camelina y el cártamo radica en su aporte ecológico. Estos cultivos cumplen un rol dual al fijar carbono atmosférico y permitir la obtención de aceites industriales de baja huella ambiental, un insumo crítico para el abastecimiento de refinerías internacionales abocadas a la elaboración de biocombustibles avanzados en el marco de la transición energética global.
En su reporte para LA NACION, el especialista detalla el rol de la firma Bunge como pionera en el desarrollo de este segmento a través de la provisión de genética y conocimiento técnico adaptado a los diferentes climas del territorio nacional. Durante el transcurso de la última campaña, los convenios productivos impulsados por la compañía alcanzaron un total de 90.000 hectáreas bajo contrato, distribuidas en más de 1.000 lotes a lo largo de ocho provincias argentinas, cifra que representó triplicar los volúmenes del ciclo previo. El éxito de estas coberturas invernales demuestra la viabilidad de un modelo que conecta de forma directa la innovación local con los mercados globales de bioenergía certificada.
Redacción por dataPORTUARIA
Fuente: Jorge Bassi gerente de Marketing y Nuevas Semillas de Bunge Argentina - | La Nacion

