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El 5 de febrero el canciller Pablo Quirno anunció la firma del Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíproca entre Argentina y EEUU, celebrado con el objetivo de impulsar el crecimiento del comercio, ampliar las oportunidades y crear un entorno transparente y basado en normas para el comercio y la innovación.
Este Acuerdo se inscribe en la política comercial “Primero América” y particularmente, en los anuncios realizados el 2 de Abril de 20251 , presentado como “El Día de la Liberación”. Recordamos que ese día, el Presidente Trump anunció que EEUU comenzaría a aplicar sobretasas arancelarias (llamadas “aranceles recíprocos”) a todas sus importaciones, cuyos montos dependerían del país exportador y producto en cuestión2 . El argumento en que sustentó esta medida es que durante décadas EEUU había sido víctima de un trato comercial no recíproco por parte del resto de los países, quienes le aplicaron aranceles más elevados y todo tipo de barreras no arancelarias. Esta falta de reciprocidad le generó a EEUU un persistente déficit comercial “configurando una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y economía del país”.
Es innegable que EEUU ha venido aplicando aranceles de importación comparativamente bajos (3,4% promedio simple, el 4to más reducido del mundo), que es el principal importador mundial de bienes (USD 3,3 billones en 2024) y que es el país con mayor déficit comercial (USD 1,3 billones en 2024). Como para EEUU no hay seguridad nacional sin seguridad económica y, para ello, es imperioso cambiar las condiciones actuales de comercio, EEUU tomó la decisión de subir los aranceles a todos los países y negociar bilateralmente nuevos acuerdos para rebalancear los intercambios.
Antes de analizar el Acuerdo con Argentina, entendemos importante realizar algunas precisiones de contexto general.
A través de los acuerdos de rebalanceo, en general EEUU se compromete a un determinado nivel de sobretasa arancelaria (normalmente entre 10% y 20%) y, en el mejor de los casos, otorga alguna concesión muy puntual bajo la forma de cuotas o alguna rebaja parcial en la sobretasa arancelaria7 . En contrapartida, los otros países asumen compromisos mucho más amplios y ambiciosos, generalmente eliminando aranceles sobre la mayor parte de sus importaciones desde EEUU. Algo similar ocurre con las disciplinas y otros compromisos sobre compras e inversiones, donde normalmente quienes asumen obligaciones son las contrapartes, no así EEUU.
Argentina se compromete a mejorar el acceso arancelario a productos de EEUU de la siguiente manera:
Por su parte, EEUU se compromete a:
Argentina se compromete a:
Ambas partes se comprometen a trabajar en conjunto para resolver los temas de agenda sanitaria pendiente.
Argentina se compromete a:
Argentina se compromete a proteger los derechos laborales conforme a las normas de la OIT así como a proteger el ambiente (especialmente combatiendo el comercio de productos obtenidos a través de la desforestación ilegal). Por otra parte, Argentina se compromete a adoptar buenas prácticas regulatorias que fortalezcan la transparencia y previsibilidad, a abordar las barreras existentes en materia de comercio de servicios que menoscaban la reciprocidad y a facilitar la inversión de EEUU en el sector minerales y recursos energéticos críticos. Finalmente, Argentina se compromete a adoptar medidas para enfrentar las prácticas comerciales desleales de compañías de propiedad o controladas por terceros países operando en Argentina.
EEUU trabajará a través de sus instituciones -EXIM Bank y la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional- para apoyar el financiamiento de inversiones en sectores críticos en Argentina en colaboración con socios del sector privado estadounidense.
Si bien es prematuro como para analizar las implicancias concretas del Acuerdo (tanto en términos de la reducción de aranceles obtenidas / otorgadas así como con relación a los compromisos asumidos por Argentina en disciplinas no arancelarias) podemos anticipar que su implementación requerirá grandes cambios normativos en el país, sobre todo en materia de reglamentaciones técnicas, medidas sanitarias y propiedad intelectual. Sin perjuicio que este análisis será realizado en los próximos días, acompañamos algunas reflexiones generales preliminares.
La nueva política arancelaria de EEUU y las negociaciones bilaterales abiertas con todos los países seguramente implicarán una profundización de los replanteos sobre el rol de la OMC y la validez de sus reglas, temas que ya venían siendo analizados desde hace algunos años. Si estas discusiones derivan en un mayor debilitamiento del multilateralismo comercial (con una OMC en “estado de hibernación”), en una reforma de su funcionamiento para adaptarla a un nuevo escenario o, por el contrario, estamos frente a la “wake up call” que algunos países necesitaban para revalorizar y fortalecer esta organización, es algo que se iniciará a perfilar en los próximos meses.
El contexto actual podría ser el disparador para reimpulsar la firma de acuerdos bilaterales de comercio entre otros países (no solo con EEUU en el centro), eventualmente a través de formatos más sencillos, menos ambiciosos y por ende, de más rápida negociación. Recordamos que el sistema que dio origen al GATT de 1947 tuvo una génesis similar a lo que estamos observando a nivel internacional en estos meses.
Ya hemos señalado que la nueva política comercial de EEUU está fuertemente relacionada con la competencia global que mantiene con China y sobre todo, con la construcción de alianzas estratégicas y áreas de influencia. En este contexto el alineamiento geopolítico de Argentina con EEUU ha sido un pilar clave de la política exterior del Presidente Milei desde el inicio de su gestión. Esta definición no ha tenido un impacto negativo en el comercio bilateral Argentina-China, muy por el contrario el mismo ha crecido exponencialmente en 2025: nuestras exportaciones se incrementaron un 61,4% ia. (llegando a USD 9.799 millones) y nuestras importaciones aumentaron un 53,9% ia. (llegando a USD 17.954 millones)
Por detrás de este crecimiento no podemos desconocer la complementariedad de las estructuras exportadoras y el beneficio mutuo resultante de este incremento del comercio. China es el principal importador mundial neto de productos agroindustriales (con USD 140.000 millones anuales) mientras que Argentina es el tercer exportador neto (con USD 30.000 millones).
Redacción por dataPORTUARIA

